Una de las partes más vulnerables de los perros son sus patas, más concretamente las almohadillas de sus patas. Éstas están constantemente en contacto directo con el suelo, expuestas a bacterias, distintas temperaturas, distintos terrenos y posibles objetos dañinos. Desde Clínica Veterinaria Gous queremos informarte bien para que puedas prevenir esto en tu mascota.

 

Los perros tienen, en cada pata, cuatro almohadillas digitales y una almohadilla metacarpiana que forman el famoso «osito de peluche». En una posición más superior, sobre el dedo interior, se encuentra la almohadilla carpiana, menos expuesta pero igual de vulnerable.

 

Es relativamente fácil reconocer una almohadilla sana, comprobando que sea suave y dura y que no presente grietas ni abrasiones, aún así se pueden presentar algunos problemas «menores» que pueden provocar molestias en el perro.

 

El más común de éstos problemas se da por la excesiva largura de las uñas. De forma natural, las uñas de los perros se desgastan con las carreras y paseos, pero de no ser así y crecer demasiado, provocaría una mala pisada que podría traer problemas en las articulaciones.

 

Otro caso no menos común es el crecimiento del pelo entre las almohadillas digitales, siendo necesario en muchas ocasiones recortar el pelo para evitar que se formen nudos o se enreden restos de vegetación.

 

En estos casos menores el problema puede solucionarse en casa, pero hay otros casos más graves que pueden necesitar atención veterinaria. ¿Cuales son estos casos?

 

– Abrasión de las almohadillas: tanto el calor extremo como el frío extremo pueden abrasar las patas del perro. Antes de exponerlas a un suelo con mucho frío o mucho calor, comprueba la temperatura con tu mano desnuda. Si tu no puedes soportarla, el perro tampoco.

– Erosión de las almohadillas: el exceso de ejercicio puede provocar un desgaste en la piel de las almohadillas que puede terminar en una herida. La falta de ejercicio también afecta negativamente, ya que reblandece las almohadillas y las hace más propensas a la erosión en menos tiempo.

– Grietas en las almohadillas: la falta de hidratación, el frío y la erosión pueden agrietar la piel de las almohadillas. En la mayoría de los casos, con una crema hidratante para perros es suficiente, pero a veces pueden ser un síntoma de algo más, como la leishmania, así que es recomendable visitar al veterinario en el caso de que sea la primera vez que aparecen.

– Heridas en las almohadillas: un objeto cortante, un terreno pedregoso o una pelea. Hay muchas formas en las que un perro puede acabar con una herida en las almohadillas. De ser un corte superficial, puede limpiarse y curarse en casa, pero en el caso de heridas amplias o muy profundas la visita al veterinario es más que necesaria.

 

¿Cómo podemos asegurarnos de que el perro tiene unas almohadillas sanas?

 

– Una buena hidratación y una vida activa y equilibrada son las dos claves para un perro feliz con buena salud.

– Hay que evitar los suelos con temperaturas muy bajas o muy altas y tener especial cuidado con la arena de playa.

– Pasear por distintos terrenos (asfalto, tierra, pedregoso, césped…) para que las almohadillas se acostumbren y resistan esos tipos de suelo.

– No pasear en exceso pero tampoco llevar una vida sedentaria. Un buen paseo debería durar alrededor de una media hora y repetirse tres veces al día.

– De ser necesario, utilizar crema hidratante para las almohadillas de los perros, siempre según la recomendación del veterinario.

 

 

 

¿Cómo actuar ante una almohadilla dañada?

 

Lava la zona con una gasa limpia y una infusión tibia de tomillo, retirando toda la suciedad que presente la zona. De tratarse un problema menor, puedes usar vaselina en el caso de grietas o betadine en heridas pequeñas. Deja la zona al aire, tápala solo para evitar que el perro se muerda o lama.

 

 

Siempre, ante heridas persistentes o que no dejan de sangrar, hay que acudir al veterinario lo antes posible.

 

 

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